Todo empezó con un artículo de Luis sobre los últimos momentos de un proyecto y la motivación. Coincidía con un arranque y no pude evitar ver los paralelismos.
Me refiero a los "flecos" del proyecto. Esa lista, inicialmente pequeña, de "mejoras" que quedan pospuestas durante el desarrollo del proyecto. Lista que crece exponencialmente según se acerca el arranque y se hace evidente que no hay tiempo para todo. Entonces, pequeñas ayudas, pantallas de simplificación de procesos, listados.... se van quedando para la "Fase II".
Luego llega la fecha de arranque, que más o menos sale bien. Y, cuando se recupera la calma, aparece alguien con "la lista". El equipo que estaba motivado y "con las pilas puestas" para completar algo y que ha llegado exhausto al arranque, se encuentra con una lista de tareas poco agradecidas y nada motivantes que hay que afrontar.
Y a ese escenario hay que añadir el factor de los costes económicos. Si el proyecto está externalizado, toca discutir si esa fase II se debe a incrementos de funcionalidad, a errores de estimación o a otras razones. Pero, en el fondo, se discute quién paga esas horas que faltan por ejecutar. Si es interno, la valoración económica es menos importante, pero la dificultad de gestionar el cansancio y la motivación es la misma.
Lo cierto es que tiene poca solución. Cuando el proyecto es interno, nosotros intentamos incrementar la carga de esa Fase II con nuevos alcances, funcionalidades o tecnologías que aporten algo de motivación (la consulta web de datos, presentación gráfica, transacciones desde PDA o Blackberry,...). Es la forma de añadir alegría a una tarea poco agradecida y así intentar mantener la motivación.
Pero en proyectos externos, esto no es sencillo, ya que estás planteando un nuevo escenario y ese nuevo alcance implica costes que no quieres/puedes asumir. Y que, por supuesto, tu proveedor tampoco asumirá sólo (lo siento, esta tilde la sigo poniendo) para mantener motivado a su equipo.
Aunque, cómo dice Luis, como alternativa puedes poner un poco más de RAM a los equipos ;-)
La foto es de Craig Miles, en Flickr.
El pasado sábado tuve la suerte de compartir aula con
La forma más sencilla de poner el precio a un proyecto de consultoría es empezar por estimar el esfuerzo necesario en horas de cada perfil (programador, analista, etc...). Luego se añade un coeficiente de incertidumbre que depende de si conocemos bien al cliente o no, si creemos que sabe lo que quiere, si la tecnología es o no madura, etc.
No me gusta regatear. Ni en mis compras particulares ni en las que aquí interesan, las profesionales.