Estos días he vivido algo que me ha recordado otra de las funciones del departamento de sistemas: la función de correveidile/facilitador.

La dirección comercial define un proyecto para conseguir formalizar los contratos con los nuevos clientes de forma on-line. De esa forma se pretende hacer compatible la necesidad de poder trabajar con clientes de forma inmediata con la de disponer de un visto bueno de los mismos a las condiciones del servicio logístico (transporte, manipulación o almacenamiento). Con estas especificaciones, iniciamos el desarrollo informático.

Se solicita y recibe información del departamento jurídico sobre los aspectos y cláusulas a incluir en ese contrato.

Con el sistema desarrollado y sólo faltan un par de días para arrancar el procedimiento, jurídico descubre errores en el mismo que invalidarían el proceso desde el punto de vista legal. Pero en vez de exponerlo al departamento comercial, cuestiona la validez del desarrollo informático ("a ver que hacéis, ¿cómo lo vais a solucionar?..." perdón, pero creía que todos trabajábamos en la misma compañía).

Así que te vas a hablar con comercial para explicar las dudas de los abogados. La respuesta, que por detalles legales no se puede paralizar la actividad comercial.

Finalmente, organizas una reunión para que entre ellos se pongan de acuerdo sobre cosas que se tenían que haber hablado antes de iniciar el desarrollo del sistema. Inevitablemente, saldrás de la reunión con más trabajo, que tendrá que estar completado para la fecha prevista de arranque (ley básica de los desarrollos: "Se puede cambiar la funcionalidad, pero no los plazos").

La conclusión es que el desarrollo del sistema ha servido para poner de manifiesto que lo que habría tenido que ser el punto de partida del proyecto se revisa al final y cuando ya están invertidas las horas de programación.

También hay que hacer autocrítica, antes de iniciar el desarrollo habría que haber previsto el impacto en todas las áreas implicadas y, como mínimo, informar de la iniciativa. De este modo habríamos cambiado la ingrata labor de mensajero por la mucho más glamourosa de "facilitador".

Seguiremos aprendiendo...