En muchos blog y foros sobre modos de gestión de personas y "recursos humanos" se habla, con mejores o peores palabras, de los buenos y malos, maquiavelos vs jesuitas, etc.

Bueno, como he contado alguna vez, yo trabajaba en una consultora, de donde salí hace ya casi tres años. Uno de los mensajes en las entrevistas de salida fue que "no era suficientemente h*j*p*t* para continuar ascendiendo" (literal).

Bueno, desde hace unas semanas se está organizando una quedada entre los que formamos los proyectos en un determinado cliente en el año 2.001. Unas 20 personas más o menos (de los que menos de la mitad se mantienen en la misma empresa).

Lógicamente, desde el correo inicial, cada uno ha recordado a otras personas que no estaban incluidas en las primeras convocatorias (nadie tiene la memoria perfecta). Resulta curioso (o no) que otro de los gerentes que había en ese proyecto, y que ha sabido mantenerse y seguir ascendiendo, ha sido obviado de las convocatorias. Y parece que nadie se ha dado cuenta, o que nadie ha querido darse cuenta o nadie ha querido recordarle e incluirle en la quedada. De la gente que estaba en mi equipo, no solo están todos, sino que me han incluido en la lista y con algunos mantengo un trato excelente.

Al final, el tiempo nos suele poner en nuestro sitio. Unos pierden ciertas amistades/relaciones y llegan a asociados o socios y otros salimos de la compañía pero mantenemos más contactos sinceros. Y digo más, no todos, por que evidentemente todos hemos tenido nuestros roces, y hemos tomado decisiones difíciles respecto a otros, quiero decir que nadie debe considerarse "un santo".

No sé lo qué es mejor. Pero me pregunto:

..¿será posible mantener esas relaciones y, además, seguir promocionando?