Como comentábamos hace poco, un trabajador tiene todo el derecho (y la obligación) de buscar mejorar en sus condiciones laborales. Hablábamos de las formas en los despidos.

Ayer un trabajador anunció que dejaba su compañía actual (que ha invertido en él muchas horas de formación) y se iba a uno de los principales competidores. Pero no se iba ahora, que sería muy razonable, sino dentro de un año. Mientras, seguiría trabajando para su empresa actual, en contra de su futuro empleador.

Contada así, suena un poco extraño y es razonable plantearse algunas dudas. No dudo de la profesionalidad del trabajador, pero, cuando falten un par de meses para su cambio, ¿qué compañía preferirá que tenga mejores resultados?. Su empresa actual podría ser recelosa respecto a facilitarle toda la información o todos los medios para hacer su trabajo. Otro aspecto a considerar es la estabilidad en la compañía donde va a empezar a trabajar, donde uno de sus dos principales trabajadores sabe que será despedido a final de año, independientemente de su rendimiento. Eso es motivación.

¿Dejaría Amancio Ortega que Pablo Isla anunciara esto y que en 2.007 trabajará para GAP o H&M? Me cuesta creerlo.

No me parece mal en absoluto que el trabajador cambie de compañía, pero como decíamos hace poco, las formas son importantes. Y este es un ejemplo de formas, cuando menos, cuestionables, por parte del trabajador y del futuro empleador.

(Espero que se tome como un ejemplo, porque criticar a Fernando Alonso puede suponer que te destierren).