En mi compañía, como en muchas otras, por estas fechas se terminan de cerrar los objetivos para el año que empieza. A partir de unas líneas generales comentadas en el mes de noviembre, cada departamento preparamos lo nuestro que luego se revisa con la dirección general.

Esta semana ha tocado la revisión de varios departamento y parece que el "jefe" andaba mosqueado, porque a casi todos les ha caído cierto "chorreo".

Pero, curiosamente, a mi no me ha tocado nada de eso. Ni bueno, ni malo. Una sensación de dejadez o desinterés absoluta...Con lo cual sales del despacho más enfadado que si te hubiera tocado reprimenda.

Para arreglaro, al hablar con el Financiero, me dice que tengo que contar con dos cosas: una, que nuestro director es más tecnófobo que tecnólogo y, dos,

objetivamente, lo tuyo es lo más aburrido.

No voy a discutir si es más aburrido un plan de implantación de nuevas redes de comunicaciones o un plan de mejora de la tesorería. Si parece claro que la parte de operaciones e incluso la comercial dan para más comentarios. Pero todos tenemos nuestro corazoncito, y despues de la primera reunión, esto termina de hundirte.

La reflexión posterior se basa en algo que aprendí en el MBA. Un directivo puede ser especialista en su área (debe, de hecho), pero creo que es imprescindible que tenga algunas nociones de las demás. Especialmente, de las áreas "cruzadas", como RRHH o Sistemas.

El día 30 de diciembre, en Expansión, Jose M. O'Kean, profesor del IE, decía que las empresas son, hoy, "software y talento" (el artículo es de pago). Pues bien, lo primero parece que sólo afecta al director de sistemas y los suyos...

(Pasado el calentón, comentaré más despacio las reflexiones).