Despues de un fin de semana comiendo roscón de reyes, las cosas se ven de otra forma, al menos, más dulce.

Volviendo al tema de la relación entre la dirección general o resto de direcciones y los sistemas de información, recuerdo algunos comentarios/experiencias significativos.

Habitualmente IT dependía de Finanzas. Dado que los sistemas contables fueron los primeros en extenderse en las empresas, la "informática" era una herramienta del contable, luego su responsable dependía de él. En las empresas de fabricación o distribución, donde el producto se "veía" a través de los sistemas, el resposnable de estos solía depender del de logística u operaciones.

El puesto de Director de Sistemas dependiendo directamentel de la Dirección General es algo relativamente nuevo, y a lo que Nicholas Carr ataca en su libro Does IT matter?, donde llega a preguntar "¿existe en alguna compañía un vicepresidente para electricidad?".

Alberto, en anotado hablaba de su cambio de rol en su compañía. Eso es perfecto y esperanzador. Si un director de marketing puede pasar a operaciones o de comercial a logística, ¿porqué no de sistemas a comercial?. Señal de que ha dejado de ser el "técnico" para ser un gestor más que puede aportar a la compañía sin ser un especialista.

Por contra, es fácil encontrar blog sobre estrategia (estratega, por ejemplo) o marketing y comunicación (eTc, Espacio del DirCom, y otros...). Es decir, personas con un perfil no "de sistemas" utilizan la tecnología para publicar sus ideas. Creo que han captado los sistemas como una vía para mejorar la rentabilidad de sus iniciativas (sea publicar su opinión como podría ser mejorar la rentabilidad de su negocio) y la utilizan.

Mi conclusión es que es esperanzadora la incorporación del director de sistemas a la alta dirección y la inclusión de materias de sistemas en los MBAs. Pero también que debemos hacer una autocrítica importante e implicarnos en todas las áreas de la compañía para, en primer lugar, aportar valor o mejorar todos sus procesos y, en segundo, dejar de ser precibidos como los dueños de "una pequeña parcela" que nadie quiere conocer y, mucho menos, tocar.