Por estas cosas del destino, ayer volví a la que había sido mi oficina durante casi 8 años. Volvi como posible cliente para que un antiguo compañero y, sin embargo, amigo me ayudara a comprobar si teníamos un tema bien enfocado.

Antes de entrar, en la puerta del edificio, tuve cierta sensación extraña de"regreso al pasado". Nada había cambiado desde hacía tres años. Me llamó la atención la gente fumando en la puerta y, quizás, gente más joven de lo que recordaba ver por allí.

Al entrar y pasar por la recepción, la pradera, los despachos e incluso el cuarto del café, más de lo mismo. Poquísimos cambios. Me pareció que la gente estaba un poco más apretada en la pradera, pero había poco gente (quizás los juntan para que parezca que hay más actividad). Algunos sin corbata (algo inimaginable tres años atrás), las mismas recepcionistas e incluso el mismo chico de archivo llevando los sobres de correo interno.

El cambio más grande lo viví en algunos de los socios con los que trabajé. Todo buenas palabras, sonrisas, interés por mi vida profesional y laboral, etc. Siendo muy bien pensado, debe ser que han cambiado mucho y que ahora les preocupan esas cosas. O a lo mejor es que ya no soy sólo un recurso para ellos y pueden perder el tiempo en esas preguntas, en vez de "cómo va la propuesta XXXXX?" o "ha bajado el margen del proyecto YYYYY !!!" o "como no seas un poco más h??????a, no tienes mucho futuro aquí".

La verdad es que, en general, es un placer volver a la que fue "tu casa" y ver que la gente te recuerda y es capaz de levantarse de sus habituales deberes para charlar un par de minutos contigo.

Es difícil no caer en "mira lo bien que me va ahora". Pero cuando pasa el tiempo, solo recuerdas lo bueno y, despues de haber dado ocho años a esa casa, con la gente con que compartiste tiempos duros sólo te apetece disfrutar de unas risas y de un café de máquina, igual de malo que hace cinco años...