Aunque de esto del anonimato se habló hace algún tiempo, el tema ha vuelto a surgir por algunos comentarios acerca del blog que me hacen personas que lo conocen. Aclaro que yo no oculto que escribo aquí, y algunos de mis compañeros actuales lo saben. También lo conocen algunos compañeros de mi anterior empresa, y algunos familiares y amigos.

Es verdad que en algunos comentarios aparecen personas que se podrían sentir molestas por lo que escribo, pero siempre procuro escribir sobre comportamientos, no sobre las personas. Un comportamiento puede ser más o menos censurable, pero ninguno estamos seguros de no caer en él en ocasiones. Y si te ves reflejado en un comportamiento poco adecuado, en vez de molestarte con quién lo describe, quizás debes pensar en no repetirlo (qué fácil es decirlo).

¿Pasaría algo si firmara con mi nombre y apellidos? Seguramente no. ¿y si diera los nombres de las empresas? Eso no lo tengo tan claro. Quiero decir que, probablemente, más gente llegaría al blog (es triste, pero tengo más visitas que la página web de mi compañía) y daría a conocer la empresa. Pero, ¿le parecería bien a la alta dirección? No lo sé. Y no me apetece comprobarlo. No es miedo, sino desidia. De hecho, creo que la imagen que trasmito de mi empresa actual es, en general, bastante positiva. Aunque, como todas, tiene sus sinsentidos y comete errores, ¿quién no?.

Lo cierto es que esto no es tan grande (la sala) y, al final, no es dificil encontrar puntos en comun para identificar quien o quienes estamos detrás de algunos seudónimos. Hace poco contacte con otros bloggers porque, tras cruzar cuatro comentarios, identificamos que habíamos trabajado en el mismo sitio y teníamos conocidos y experiencias comunes. Por tanto, quién quiere conocerte, te conoce. Y creo que siempre he contestado a los correos personales...

Así que, de momento, seguiremos como estamos.