La semana pasada ha sido bastante complicada. En mis últimas etapas en consultoría era habitual que tuvieras que trabajar en varios proyectos o clientes a la vez. El problema de esto es que en cada un o de ellos tu socio pretendía una dedicación superior a la que podías dar. Así, por ejemplo, te encontrabas con que tenías que estar en dos proyectos al 60% o en tres, dos al 50% y otro al 30%. Era lo que se solía llamar un "recurso sobreasignado".
Ahora he vuelto a esa situación. Las últimas adquisiciones obligan a dedicar un tiempo a las nuevas compañías. En algunos casos, la propiedad de las compañías es 100% la misma, con lo que el único problema es como dispones de tu tiempo. Pero en uno de los casos esto no es así, por lo que quién te paga el sueldo quiere que las cosas salgan en el otro sitio bien, pero que no le dediques mucho tiempo. Como cuando te pedían "echar una mano en un proyecto", pero no te dejan cargar las horas.
Por otro lado, te pasas buena parte de la semana en el coche, moviendote de un sitio a otro con la sensación de que tu productividad se desliza pendiente abajo como en un descenso de los Juegos de Invierno.
Algún gurú del management me podría explicar que tengo un problema de prioridades y delegación, pero ahora no tengo tiempo para que me lo cuente, me voy a otra oficina...

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