Este post se aleja un poco de los temas a los que me suelo dedicar, para hablar de eso que llamamos blogosfera (aprovecho que es viernes pre-puente en Madrid, y supongo que habrá poca gente al otro lado). Así, puedo posponer hasta el martes un tema al que llevo un par de días dando vueltas...

Ultimamente, en muchos blogs de los que suelo leer se han producido roces o enfrentamientos que se diferencian mucho de lo que a mi me gusta leer. Ejemplos como lo que cuenta Andrés, los comentarios en un post de Jaizki (muy bien resuelto el tema por su parte), alguna batallita de Enrique (ya sin comentarios) o el cierre de Cecilidades (hace meses que no pasaba por allí y me enteré ayer por Andrés).

Se supone que escribir implica un poco más de reflexión que hablar. Y eso debería servir (al menos, ayudar) a que hubiera más debates y menos discusiones. Para hablar de esto me he dado una vuelta por blogs más políticos y, al verlos, recuerdas los comentarios de Edurne Uriarte y cosas similares, ya que contribuyen a desacreditar esta forma de comunicación.

Para evitarlo, una de las opciones es no hablar de temas "espinosos" (fútbol, religión y política, sobre todo). Pero esa autocensura no deja de ser tapar o capar una parte de nuestra forma de ser.

Otra forma es la de los que hemos optado por un semi-anonimato (como dice Alberto, aunque dejemos más pistas que Pulgarcito) que debería ayudar a expresarte más libremente, pero cuando ves que ese anonimato no es tal (Google y un poco de imaginación bastan para desvelarlo), te aparecen nuevas barreras, más o menos autoimpuestas.

Me gusta leer blogs, me gusta comentar y me gusta discrepar. Como le decía a Andrés, lo he hecho con Enrique Dans, Consultor Anónimo, RBA, Jaizki, Mercurio, Telémaco y seguro que muchos más (y no voy a buscar más enlaces). Y la conversación se ha mantenido, y espero que se mantenga.

Como hace tiempo me dijo Telémaco una vez: "Cuando dos socios piensan lo mismo uno de ellos sobra".