El otro día los que ya habíamos vuelto de vacaciones nos quejábamos de la brevedad de las mismas. Una persona de administración decía "todo el año esperando, y se pasan tan rápido...". La respuesta del DG fue rápida: "El error es estar todo el año esperando las vacaciones".

No puede ser más cierto. El otro día, Martí Saballs reflexionaba en Expansión sobre si en agosto se va ahora menos gente de vacaciones, lo que a juzgar por la M40 en Madrid no es cierto.

Personalmente siempre me ha gustado partir las vacaciones y también es importante aprovechar y vivir cada fin de semana. Pero mucho más importante es que el domingo por la tarde no sea una tortura pensando en lo que te espera al día siguiente (¿es por eso que va tanta gente al cine el domingo por la tarde?).

Está claro que trabajar rara vez es una fiesta (te pagan por hacerlo, si fuera algo muy positivo, pagarías tú), pero al menos debes intentar que no sea un trago amargo. He tenido cerca una persona que ha estado años intentando salir de su trabajo. Dispuesta a renunciar a salario, horario, tipo de compañía, casi a todo por cambiar. Y estar así termina amenzando a todos los aspectos de tu vida (Mario los ordena mucho mejor aquí).

En el fondo, este post es un consuelo para los que estamos trabajando una tarde de agosto y, además, vendremos el lunes...