Esto que cuentan ahora todos los periodicos y telediarios sobre el síndrome postvacacional siempre me ha parecido algo para llenar páginas/minutos. Pero hoy era el primer día de colegio de mis hijas, y me ha servido para convencerme de la realidad de mis ideas.

Despues de casi tres meses de vacaciones la vuelta debería ser un trauma mucho mayor que el que nos puede afectar a cualquiera de nosotros tras 2-3 semanas. De hecho, cuando faltaba una semana comentaron que no querían volver al colegio y que preferían estar de vacaciones (comentario que todos suscribiríamos).

Pero esta mañana, mi hija mayor ha ido encantada al colegio. Se ha despertado solo, un rato antes de lo que la hubiéramos llamado nosotros. Y ha pedido que nos fueramos para llegar antes de la hora.

El cambio de actitud ha venido de algo tan simple como es el saber que este año, al empezar primaria (6 años), ya no tiene que llevar baby (bata) a clase, lo que hace que se sienta "de las mayores".

La moraleja, supongo, es que merece la pena encontrar algún detalle (pequeño o no) que nos permita afrontar el curso con ilusión. Quizás un nuevo proyecto que vamos a empezar, la incorporación de nuevas personas o el establecimiento de nuevos objetivos. Es evidente que por que haya pasado el mes de agosto, nuestro trabajo no va a cambiar radicalmente, pero somos nosotros los que debemos utilizar cualquier pequeño detalle para mejorar nuestra actitud en el regreso.