Llevo alrededor de cuatro años en mi empresa actual. En su momento, fui uno de los primeros de los "nuevos" que se incorporaban a la compañía. Una empresa familiar que empezaba a profesionalizar su gestión incorporando profesionales de otros ámbitos. Desde entonces, mucha más gente ha venido. Algunos se han mantenido y otros se han ido. Lo normal en cualquier empresa. Y la integración ya es total, no hay ninguna barrera entre "nuevos" y "viejos".

Pero ante circustancias excepcionales, vuelven a aparecer comportamientos diferenciales.

La compañía se está planteando un traslado de la sede. La capacidad actual está saturada y es necesaria mayor superficie para seguir creciendo. Y en las instalaciones actuales es imposible lograrlo.

Esto implica la construcción de una nueva nave de operaciones, nuevos silos de almacenaje y nuevas oficinas. Como la tendencia no es construir almacenes logísticos en el Paseo de la Castellana , nos veremos obligados a alejarnos aún más de Madrid.

(Aclaración en este punto: yo vivo a 35 kilómetros de esta oficina. En días normales tardo 45 minutos en llegar a la oficina. Ayer tarde más de una hora y hoy, menos de 30, lo que genera un estado de optimismo indescriptible)

Pues ante este hecho excepcional, que supondrá alejarse del punto actual alrededor de 12-15 kilómetros, las reacciones vuelven a mostrar diferencias entre los de toda la vida y los nuevos. Mientras muchos hablamos de tener que cambiar de trabajo antes de los dos años que está previsto dure la obra, el otro día una persona de mi departamento, que lleva 7 u 8 años aquí, con un sueldo probablemente por debajo de mercado pero ninguna inquietud por cambiar, dijo "pues habrá que cambiar a un coche que consuma menos".

Quizás sea una anécdota, y dentro de las complicaciones que puede suponer un cambio de sede, no sea significativa. Pero me ha llamado mucho la atención que los que nos hemos movido más consideremos esto como un aviso para cambiar de empresa y, los que no se han movido nunca, empiecen a mirar el cambiar el coche o incluso cambiar de casa.