Nuestra política de equipos sobremesa es bastante sencilla. Se adquieren en renting a cuatro años, lo que nos permite tener siempre equipos razonablemente actualizados (cuatro años en entorno corporativo es suficiente) y un control relativamente sencillo de los mismos.

Sobre ese plan general surgen imprevistos que nos causan problemas que no tenemos bien resueltos. Esa renovación del 25% de los equipos es anual, y la utilizamos para ajustar las cantidades, de forma que ese teórico 25% no suele ser igual al anterior o al siguiente, pero apenas tiene un margen de diferencia de 10-15 equipos.

Pero fuera del período previo a la renovación aparecen nuevas incorporaciones, cambios de turnos o cambios de instalaciones que es lo que nos rompe todo el modelo. Además, en ocasiones nos avisan de las incorporaciones con apenas 2-3 días de antelación.

En esas ocasiones, a veces compramos equipos (que quedan fuera de todo el ciclo normal) o intentamos reutilizar algun equipo de los "viejos", los últimos retirados. Hacer operaciones de renting para un par de equipos no suele compensar el pequeño lío burocrático de papeles que conlleva y asignar un equipo antiguo a una persona recién incorporada no causa la mejor imagen posible. Vamos a estudiar la posibilidad de alquilar equipos para esos "picos", que luego se absorberían en el siguiente lote de renting, suponiendo que ese alquiler nos permita tiempos de respuesta rápidos de apenas 48 horas.

Pero sigo sin tener claro si no hemos caído en un procedimiento excesivamente riguroso, que da máximo control pero poca flexibilidad.

El otro extremo es el de salir corriendo al MediaMarkt a comprar un PC cada vez que se incorpora alguién y te avisan el día antes. Esto, que parece una exageración, es la política que sufren algunos colegas de profesión. Flexibilidad máxima pero control mínimo.

Como siempre, lo difícil es encontrar el punto de equilibrio. Y las dudas de saber si "tu modelo" es original, anómalo, habitual, o un auténtico disparate.