Tras tres semanas de vacaciones, ayer era el día D-1. La verdad es que pensaba que daría miedo ver como se acercaba, pero la realidad ha sido otra bien diferente.
Creo que desde que nació mi primera hija en 2000 y enlacé las vacaciones con parte de las que me debían del año anterior (en que sólo había disfrutado una semana) no había tenido tres semanas seguidas de vacaciones. Pero además, supongo que tiene que ver con poder descansar de verdad las tres semanas, no tener llamadas de urgencia y apenas un par de correos que requerían cierta acción (reenviarlos o hacer una llamada, no más).
Y, lo más importante, qué en algunos casos se nota cada domingo por la tarde pero puede ser especialmente doloroso tras 21 días: no me importa ir a trabajar. Evidentemente prefiero ir a la playa con mi familia y jugar al golf a estar en la oficina o hacer planes de sistemas a tres años, pero quiero decir que no es un dolor pensar "mañana trabajo". Yo, como casi todo el mundo, he sentido alguna vez eso.
Y poder volver a la oficina tras tres semanas y no sentir (bueno, apenas) ese sentimiento tan desagradable, es algo que se agradece. Mucho.

4 ago 2008 | 08:45 PM
Podemos organizar una cata para supervivientes en Madrid!! Yo estoy aquí también todo el mes. Welcome back.