Iba a comentar lo del SIMO, pero creo que a estas alturas es difícil aportar nada nuevo. Como profesional de esto, llevaba ya al menos tres años sin pasar por allí, así que no lo voy a echar de menos. 

Pero como estamos arrancando el último trimestre, no está de más echar un ojo a los objetivos de año y "cómo vamos". En mi departamento, todos tenemos un bono sujeto a objetivos de tres tipos: empresa, departamento de SI y área de trabajo (desarrollo, CAU, infraestructuras...). Varía el peso de cada uno de ellos en el total, pero se tienen todas las componentes.
Es seguramente complicado enlazar la aportación de un técnico del CAU cuando cambia un teclado con el margen operativo de la compañía, pero siempre he pensado que todos debemos participar de ese todo que es la empresa. Ni el técnico del CAU, ni un mozo de almacén, ni un conductor, ni un administrativo o un comercial, por si mismos, hacen que esto funcione. Pero si el teclado no funciona y no se introduce el pedido en el sistema, no aparece la orden de trabajo ni se carga el camión, ni se factura al cliente. Por eso creo que el variable de cualquier empleado debe tener esa componente de resultado global.
Aunque también creo que debe pesar más aquello sobre lo que tiene más influencia. En este caso, plazos de resolución, valoración de los usuarios, cumplimiento de servicio, etc. Si el peso es 25-75 ó 33-67 es totalmente discutible, así que se llega a un acuerdo y listo. Lo mismo aplica a un programador, un analista o un responsable de proyecto.

Y entonces, llega octubre y aparece el riesgo de empezar a jugar "mirando el reloj". Los objetivos se definen a principio de año, por lo que no es extraño que la orientación o los proyectos prioritarios sean ahora diferentes (y más con lo que está cayendo este año). Y podemos entonces buscar el cumplimiento de los objetivos que se valoran de cara al bono por encima de los objetivos que realmente son ahora importantes para la compañía. Una postura absolutamente razonable. Pero absolutamente perjudicial para los resultados de la empresa.
Así que este año me voy a dar el gustazo de hacer algo que llevo años dejando pasar. Escribir una nota a RRHH con copia a Dirección General explicando que la persecución de los objetivos valorables en el bono es contraria a la búsqueda de lo mejor para la compañía. No sé si es un suicidio, ganas de alborotar o pragmatismo. 
Y puestos a hacer las cosas bien, propondré los criterios a valorar para la consecución de ese variable.
Al menos, cuando lo haga y tenga respuesta, conseguiré algo más sobre lo que escribir, porque entre las confidencialidades y los rumores, cada vez quedan menos ideas sobre las que desarrollar cuatro párrafos medio coherentes.