Además de la gorra de SI, llevo la de Calidad. Y eso si que es algo que sufro en silencio.
Pero ahora se cumplen tres años de la flamante certificación de nuestro sistema de gestión de la calidad y toca recertificarse. La empresa ha crecido mucho en tres años, y ahora necesitamos extender la certificación y el sistema a otras actividades.
Entonces empiezan los detalles "legales". Si esa actividad la desarrolla otro CIF, es otro certificado, luego el auditor quiere cobrarte doble, aunque esa segunda actividad esté tan integrada como dos actividades de la empresa inicial.
Lo bueno es que el entorno de austeridad nos ha permitido replantearnos el auditor. Ya no importaba tanto el prestigio del mismo (total, los clientes no lo valoran) como el coste.
Y entonces se produce el curioso proceso en que pides presupuesto a diferentes proveedores de algo que, creo que objetivamente, encaja en la definición de commodity. Compras la auditoria de certificación de un sistema, cuyo resultado es un visto bueno de acuerdo a una norma.
- Y viene el "Arthur Andersen" (con mis infinitos respetos a este nombre, y no hay una pizca de ironía en el comentario) a vender prestigio, solvencia, reconocimiento (aunque sólo nacional) pero unas tarifas muy elevadas. Además, la experiencia demuestra que a veces intenta mantener el prestigio buscando "faltas" en la auditoria tan curiosas como "el certificado de calibración de la llave dinamométrica con la que se aprietan las tuercas de la junta de culata del motor del camión en las reparaciones internas".
- Un aspirante internacional, de brillante traje inglés e inmejorable presencia. Añade a la commodity el reconocimiento internacional de su firma. Lamentablemente algo poco útil cuando menos del 5% de tus primeros 25 clientes es extranjero.
- Un aspirante local joven y ambicioso que lucha por hacer olvidar su procedencia y su accionariado anterior, apoyado en tarifas low-cost. Sin ganas de polémicas absurdas, el hecho de estar en su origen claramente vinculado a determinadas instituciones de un lugar, hace difícil hacer negocios en el otro (Madrid y Barcelona).
Lo cierto es que ha sido un proceso muy curioso de ver desde el lado del contratante. Seguramente (y ahora los consultores se me echan encima) parecido a seleccionar un implantador de Exchange, Lotus Notes o Navision (no incluyo sistemas más complejos).
De lo más curioso, cómo se intenta diferenciar algo difícilmente diferenciable, haciendo hincapie en aspectos del producto ofertado alejados de su función principal. Y también ver como el cambio de entorno económico hace que los criterios de valoración cambien, siendo para los proveedores muy complicado cambiar lo que venden para adaptarse a ello sin renunciar a su pasado o su imagen.

18 oct 2008 | 02:01 PM
Rafael:
Quizás también podríamos entrar a analizar qué es lo que se quiere comprar y por qué se quiere obtener o renovar esta certificación que imagino es una ISO 9xxx, para saber a quién se deben pedir ofertas.
Me parece que hablar de commodity es muy agudo y que la diferencia ya simplemente está en estar o no certificado y por lo tanto el objetivo es estarlo al menor coste.
18 oct 2008 | 05:47 PM
Curiosamente, yo también soy responsable de TI y también fui responsable de la implantación y certificación del SGCA de la empresa. La verdad, la experiencia fue (y lo digo en pasado) agridulce, me permitió reflexionar mucho sobre el sentido de estas normas.
Lo que considero fundamental, es su sentido: el beneficiario de una certificación no debería ser ni el certificado ni el certificador, sino el cliente que gracias a que el certificado incluye la certificación en su oferta, debería confiar más en dicho proveedor.
Sinceramente ¿alguien confía más en la empresa XXXX porque esté certificado por la norma ISO 9001?
¿esto quiere decir que esté en contra de las normas ISO? EN ABSOLUTO. Más aún, me gustan, en cuanto están elaboradas por gente que se supone con mucha experiencia (no le hagamos mucho caso a Dilbert) y destilan las buenas prácticas que deberíamos aplicar. Me alegro muchísimo de haber dedicado mucho tiempo personal para el proceso de certificación de mi empresa (Calidad y Ambiental, con un alcance que afectaba a todo nuestro negocio)
Lo que estoy es bastante desilusionado es con el proceso de certificación actual...
¿por qué menciono nuestra certificación en pasado? porque una vez implantados, viendo que el personal no estaban dispuestos a adoptar las exigencias mínimas de la norma y que habría que esquivar ciertas exigencias de la certificación (estaba seguro de que los certificadores ayudarían) le pregunté a mi Director General: ¿necesitamos realmente la certificación? como de respondió que no (fue una decisión del Director General anterior) pues no la realizamos.
20 oct 2008 | 03:57 PM
Parece que todas las experiencias van por el mismo camino. La implantación de un sistema de gestión seguramente tiene un sentido y es una buenaherramienta para hacer funcionar la empresa y sus procesos: objetivos, medir, revisar...
Pero la certificaicón de ese sistema se ha terminado convirtiendo en algo que no diferencia a unos de otros. Lo tienes o no. Y no creo que tenerlo con AENOR o con otro suponga ninguna diferenciación en el mercado.
Al final, la clave es la pregunta de patata a su DG: ¿necesitamos realmente la certificación?. En nuestro caso, como da puntos al presentarse a determinados concursos de la administración, la respuesta es SI. Y no merece la pena entrar en otras discusiones filosóficas sobre el concepto.