En los comentarios al post anterior sobre la posible migración a Google Apps, se planteó el tema de los aspectos comerciales de la operación. Y esto es algo muy significativo, en mi opinión, para entender porque un buen producto tiene poca implantación. Al menos en España. Y quiero centrarme en aspectos de relación, en absoluto estamos hablando, ahora, de productos.
Hace casi un año que nos surgió la primera intención de, al menos, estudiar este tema. Unas pasadas por la web de Google y ninguna capacidad de contactar con alguién de la compañía en España. Tampoco pudimos encontrar referencias españolas (ahora si las hay), ni siquiera listados de socios o integradores con los que hablar. Solo un formulario.
Este verano recibimos propaganda en papel, junto con un disco-calculadora de los ahorros potenciales. En la carta, como contacto, un tipo de Estados Unidos, al que no me sentí tentado de escribir. Planteado el tema en twitter, alguién me facilitó un contacto en Google España. Evidentemente, ese twitter es personal y quién me contestó lo hacía también a ese título.
Es verdad que una vez contactado, fue relativamente sencillo intercambiar algunos datos sobre nuestras necesidades y cerrar una visita-demo. Incluso teniendo en cuenta que estábamos terminando el mes de agosto.
Pero la conclusión general es que el contacto inicial no es nada sencillo. Ni con Google, ni obtener referencias, ni acceder a partners.
En cuanto a la presentación en si misma. Pues la verdad es que de Google esperas siempre lo máximo. Y cuando la presentación se parece a lo que haría un consultor generalista, te quedas un poco frío. Es cierto que luego la parte demo mejoró la sensación general, pero ese pensamiento de "vaya 45 minutos previos me he tragado" no te la quitas. Además, los roles de los participantes no quedaban muy claros.
Y luego hay una parte que en consultoría llamábamos "seguimiento de la oferta": escribir para presentar conclusiones, volver a llamar de vez en cuando para aclarar dudas conceptos, ofrecer pruebas parciales... todo eso que habitualmente se termina convirtiendo en ser un pesado insoportable (difícil saber el límite). Pues de eso, nada. 0 llamadas, 0 correos. Y la sensación generada no es de "que majos que no quieren molestar" sino de "estos tipos o tienen muchos clientes y no pueden con todo o pasan de nosotros". Ninguna de ellas demasiado buena para convertirte en un proveedor de confianza.
Como comparación, al día siguiente de publicar mi anterior post, una persona de Microsoft, con la que no habíamos tenido trato desde hacía, al menos, dos años, me envía un correo electrónico. Me comenta que se ha enterado de nuestras intenciones y me ofrece información sobre Exchange on-line entre otros servicios. Podríamos quejarnos de que no nos ha contactado en dos años y que sólo lo hace cuando hay una amenaza. Pero lo cierto es que lo hace, mientras que su competidor ni siquiera lo hace cuando hay una oportunidad.
Y, por último, un detalle que considero importante hoy en España (aunque Sergio o Andrés se me echen encima). Está bien que Google sea un empresa abierta, joven y tenga unas oficinas super-cool. Pero cuando vas a un cliente, no está de más ser un poco convencional en el aspecto externo. En cualquier entorno, creo que es mejor pecar por exceso de formalidad que por defecto. No hace falta ir con traje, pero lo de vaqueros y polo no termino de verlo claro cuando vas a casa de un cliente. Sobre todo si el cliente es de cierto tamaño. Estoy seguro de que para una empresa del IBEX-35 se hubiera adaptado la indumentaria.
Releyendo lo escrito, puede que haya quedado demasiado crítico. Pero no estoy hablando de una empresa de 5 programadores en Ávila (con todos los respetos). Hablamos de Google. Y creo que las actuaciones comerciales deben estar a la altura de su reputación y, sobre todo, de sus productos. ¿O hace falta poner ejemplos de empresas que han basado su éxito mucho más en su red de ventas y socios que en la calidad de sus productos?.

El pasado sábado tuve la suerte de compartir aula con
La forma más sencilla de poner el precio a un proyecto de consultoría es empezar por estimar el esfuerzo necesario en horas de cada perfil (programador, analista, etc...). Luego se añade un coeficiente de incertidumbre que depende de si conocemos bien al cliente o no, si creemos que sabe lo que quiere, si la tecnología es o no madura, etc.
Yo estuve siete u ocho años en una de esas consultoras. Ahora recibo ofertas de empresas mucho más pequeñas, aunque la situación actual y las ganas de vender hacen que estos días
Pero hace poco compartí una experiencia con un ex-compañero que me hizo plantearme que hay que tratar ese "valor absoluto" con mucha precaución.
Despues de haber vivido algunas integraciones de este tipo, estoy seguro de que este es el mundo real. Hay cientos o miles de empresas en España que facturan entre 5 y 30 millones de euros y siguen con Windows descargados del emule, sin antivirus, y gestionando todo con hojas de cálculo Excel (por supuesto, también pirata). Y a lo mejor, sólo a lo mejor, esto tiene algo que ver con nuestra posición en los rankings de productividad e innovación.
La semana pasada comí con un amigo, gerente de una importante consultora. Él trabaja en desarrollo e implantación de sistemas de información, y estuvimos hablando de algo básico pero que muchas veces se nos olvida cuando hablamos de tecnología o sistemas.